El mosaico hidráulico es un tipo de baldosa fabricada artesanalmente sin cocción, que consigue su forma tras verter una composición de polvo de mármol, cemento blanco, pigmentos y agua en unos moldes en los que se produce un prensado hidráulico, de ahí proviene su nombre. La medida más habitual de fabricación es de 20×20 cm, ya que era la medida estándar exigida para la exportación.

Su origen proviene del uso de losas fabricadas en Italia durante el Renacimiento, en las que se trabajaba partiendo de la compactación de piezas de cemento, con capas decoradas del mismo material. En el siglo XIX con la aparición de la industria del cemento Portland, se comenzó a expandir la fabricación de éste tipo de mosaico, que triunfó en la Exposición Universal de París en 1867 de la mano de la empresa barcelonesa Garret, Rivet y Cia, como alternativa a los revestimientos de aquella época (piedras y mármoles básicamente).

Este tipo de baldosa hidráulica se impone como tendencia desde finales del siglo XIX, sobre todo en países de clima cálido y mediterráneo, y adquiere su auge durante la primera mitad del siglo XX, ayudado por la inspiración estética del Modernismo catalán. El interés que despertó en los arquitectos y artistas de esa época, generó colecciones cerámicas con diseños únicos, de gran riqueza cromática y todo tipo de dibujos florales, vegetales y formas geométricas. Auténticas obras de arte pisables!

A partir del boom inmobiliario en los sesenta, este tipo de mosaicos desaparece en favor de otros materiales de bajo coste y rápida fabricación, hasta su recuperación en el momento actual. Hace ya más de veinte años, que los pioneros en innovación de interiores comenzaron a recuperar materiales de derribo en casas señoriales, rescatando del olvido magníficas piezas de mosaico hidráulico escondidas bajo otras capas de revestimientos. La fuerza que trasmiten las coloridas y variadas formas de las baldosas crean efectos absolutamente sorprendentes en decoración, lo cual ha potenciado de forma exponencial su difusión.